Lucy en el cielo.

Sí, yo soy esa Lucy; la de la canción.

Cuando tenía cinco años siempre soñaba que volaba por el cielo, que era de noche pero igual había muchos colores, y que en vez de estrellas estaba todo lleno de diamantes.

Era el mismo sueño que se repetía; algunas veces me parecía que volaba porque tenía superpoderes; en cambio otras, que flotaba subiendo porque me había morido.

Un día le conté mi sueño a un compañero del jardín, y él lo dibujó.

-¡Julián!¡Te salió igualito!- le dije maravillada-¡Cómo hiciste para verlo tan pero tan bien!

-Es porque somos amigos- me contestó muy serio.


El papá de Julián era músico, y cuando él le mostró el dibujo de mi sueño enseguida le hizo una canción.

La canción ya no era tan igualita a mi sueño, porque el papá se inventó toda la parte de los mozos de plastilina y los taxis de papel de diario.


Después, toda la gente empezó a hablar de esa canción, y decían eso de que Lucy en el Cielo con Diamantes era porque el papá de Juli estaba drogado cuando la hizo, y cosas así.


Un vez Julián me invitó a su casa a jugar con sus muñecos, (¡tenía millones!).De pronto entró en la habitación el papá trayendo la guitarra, estaba descalzo y tenía puestos unos anteojitos redondos con vidrios azules muy graciosos:

-¡Así que vos sos la famosa Lucy!- me dijo sonriendo. Y ahí nomás tocó para mí Lucy en el Cielo con Diamantes. Mientras la cantaba casi no le veía la cara, del pelo largo que tenía; la canción a mí me gustó más así que en el disco, y no se porqué, ahí se me ocurrió preguntarle si era como decía la gente, que “Esa canción la hizo bajo los efectos de algún aluginósico

El papá de Juli sonrió divertido:

Se dice alucinógeno- me corrigió, y agregó - Esta canción la inventé intoxicado por la sustancia más poderosa- Después se me acercó y en voz bajita me dijo al oído:
– La hice bajo los efectos de la Imaginación.



Encontré este cuentito entre mis papeles de niña; calculo que lo escribí a los 10 o a los 11, ya pasaron 40 años, y sigo siendo la Lucy en el cielo con Diamantes, nunca me dejaron ser otra.


Andrés Sobico


(esto es ficción, la verdadera Lucy Daggen murió en new york, de lupus, en 2009)

5 comentarios:

Marcela Calderón dijo...

Que las musas inspiradoras -o lo que sea- no te abandonen nunca, Sobico. Me encanta tu escritura :)

A.S dijo...

O lo que sea. Amén. (sóo se que el hecho que te lean hace amigas a las musas (o lo que sea)

Ly dijo...

Hermoso!!!

Cecilia Vilaró dijo...

Qué divino relato! y terrible secreto! Cuántas Lucys andan por ahí incomprendidas para guardar los secretos...

Blogger dijo...

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